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martes, 28 de julio de 2009

10 razones para no vivir después de los 55

La atención al público le brinda a una la oportunidad de ver una inmensa cantidad de gente en poco tiempo. Este cuestionable privilegio hace que una pueda ir estableciendo determinados patrones que se repiten, una y otra vez. Sin lugar a dudas, mi mayor dolor de cabeza son los viejos. Es lamentable, pero con edad la gente va adquiriedo ideas y costumbres erróneas que es imposible erradicar. He aquí 10 motivos que me convencen de que nadie debería seguir viviendo después de los 55 años:

1- La gente grande piensa que la edad le da derechos per se. Creen que con solo ostentar arrugas una debe acceder a todos sus deseos y soportar estoicamente su prepotencia. Señor, señora, la edad no le da autoridad, solo canas.

2- La gente grande no escucha. No es culpa de ellos, pero sí negarse a usar audífonos y por lo tanto generar la irritación de las cuerdas vocales de las secretarias que debemeos poco menos que usar megáfono para explicarles por teléfono que el turno es el 18 a las 4 y no el 5 a las 18.

3- La gente grande no puede andar sola por la calle. Pero se empeñan en creer que sus facultades mentales se mantienen igual que cuando eran mozalbetes de veinte. La mente envejece a la par del cuerpo, por favor, pídanle a sus hijos/nietos que los acompañen si no van a entender nada de lo que se les diga.

4- La gente grande ve complots maléficos en todas partes. Que la secretaria les está escondiendo al médico, que la secretaria quiere cobrarles de más, que la secretaria no quiere hacer nada, que la secretaria tiene mala predisposición, que la secretaria va a pasar dos consultas en lugar de una, que la secretaria va a hacer pasar a alguien primero y los va a dejar esperando... ¡la secretaria sólo quiere trabajar sin ser molestada!

5- La gente grande no tiene filtro. Dicen cualquier cosa enfrente de cualquiera. Comentan sobre sus hemorroides en voz alta, se sacan los mocos, le preguntan a una si no pensó en maquillarse un poco, miran descaradamente por ventanas ajenas, se meten al consultorio sin ser llamados. Hasta pueden llegar a tirarse pedos y sonreir tímidamente, convencidos de que a su edad se les puede perdonar cualquier cosa.

6- La gente grande está aburrida. Y por lo tanto quieren charlar. No importa qué tan ocupada y desbordada de trabajo esté una, ellos siempre encontrarán que es el momento perfecto para contar sobre algún nietito, por qué el doctor es tan buena persona, cómo se le infectó la herida cuando le sacaron los puntos, cuánto pus salía y qué cara está la carne. Siempre, siempre, en el momento menos oportuno.

7- La gente grande no tiene noción del tiempo. Por eso llegan al consultorio una hora y media antes, nos arruinan el almuerzo, llaman y nunca dejan de hablar por teléfono aún sabiendo que estamos trabajando, y después se quejan si esperan 5 minutos. El tiempo de los viejos parece ser un reloj con propiedades muy elásticas.

8- A la gente grande solo le queda quejarse. Se quejan más que yo. En serio, es mucho eso. Y se quejan conmigo de cosas en las que yo no tengo injerencia. Por ejemplo, si tienen que hacer un trámite larguísimo para autorizar una orden en su obra social. Se quejan de que las revistas de la sala de espera son viejas. Se quejan del clima. Se quejan de todo. Si su vida es tan pestilente, ¿por qué no la terminan? Digo, para que paren de sufrir...

9- La gente grande piensa que el médico es Dios, o peor, que el médico es su amigo. Y que por eso tienen derecho a venir sin turno o a la hora que se les da la gana y además creen que si la comida la masticó primero el doctor, entonces es más nutritiva. Sin contar con que puede resolver cualquier problema, por eso le consultan sobre un úlcera estomacal aunque sea traumatólogo.

10- Los viejos son viejos. Por eso tienen mañas que no van a modificar. Ya es tarde para eso.

miércoles, 3 de junio de 2009

10 cosas que hacemos todas las secretarias

1-Mentir.
Suena duro, pero es así. Cada vez que un paciente nos increpa para hablar con el doctor, lo ponemos en espera, nos miramos las uñas un ratito, y le decimos: "el doctor lo va a llamar en cuanto se desocupe, dice que no se preocupe".
Señor, señora, ¡mi jefe me cuelga si le paso su llamado!

2-Ponernos en "piloto".
Aquél mito de que las muejres no pueden cruzar la calle y masticar chicle a la vez es refutado diariamente por miles y miles de secretarias. Cada vez que una vieja nos cuenta por teléfono que "el doctor me operó de la cadera hace 15 años y ahora me duele el codo", nosotras leemos el diario, le damos turno al paciente que recién salió del consultorio y preparamos el pago del contador. A ver, al único que le pueden interesar sus dolencias, es al médico.

3-Hablar mal de los pacientes.
Cuando la gente cree que una no se acuerda de las caras, está muy equivocada. Nosotras sabemos quién se sacó los mocos en la sala de espera, quién fue al baño durante media hora, quién tiene mal aliento... la gente es muy ingenua.

4-Intoxicarnos con café.
Es inevitable. Say no more.

5-Hacer un balance entre ceder/perder tiempo.
Cuando una vieja pide un sobre turno, una debe calcular rápidamente qué reportará mayor prejuicio: el tiempo que tardará la señora en ser atendida (o sea, qué tanto más tarde nos vamos a casa), o qué tanto tiempo va a tenernos en el teléfono hasta entender que no puede venir. Habitualmente ninguna opción es buena.

6-Negarnos.
Ante la duda, decir no. La gente siempre hace lo mismo, les das la mano y te agarran el codo. ¿Un sobreturno? Imposible. ¿Una Excpeción? No hacemos excepciones. ¿Un favor? No estamos autorizadas.

7-Esperar ansiosamente el día de la secretaria.
Al pedo, porque jamás nadie lo recuerda. Si algún día necesitan un favor, y esa fehca está cercana (es el 4 de septiembre, por si no sabían), y aparecen en el consultorio con un chocolate, seguro consiguen su cometido.

8-Odiar a las obras sociales.
Nunca atienden el teléfono, nunca saben de qué les estás hablando, no conocen el código, no les llegó el fax, no están en horario de atención, y no, ese no es el número de afiliado.

9-Tener memoria selectiva.
Ojalá la gente no pidiera tantas estupideces, así no se sentirían tan abandonados. No voy a dejar un recordatorio de que la señora x en realidad quería a la s6, no 6 y media. No. Venga otro día si tanto le molesta. Ni voy a grabar en mi memoria que a una persona le parece mal esperar 10 minutos. No se lo voy a transmitir al docotor.

10-Ser secretarias.
Yo trabajo para mi jefe, no para sus pacientes.